Lo intenté pero no lo alcancé. Yo parecía perdida en vez de estarlo él. La lujuria, la pasión, la entrega y el placer, se convirtieron fugazmente en rutina y frustración.
Andreína A. González E.
No hay vida perfecta. Los humanos estamos destinados a sufrir.
No es extremismo, es realidad. Un ser con defectos múltiples, con dolencias permanentes y miedos turbadores, no puede ser siempre feliz, y menos, partiendo del hecho de que el hombre está rodeado de falsedad; desde que usa la razón aprende que lo más fácil es mentir. A veces lo hace por vergüenza, otras, por miedo, muchas veces lo hace con descaro; al final, actúa de forma tan natural y cotidiana que no pude vivir sin hacerlo.
Es así como vemos numerosos ejemplos en el quehacer diario: un hijo le miente a su padre para que lo deje salir. Una novia engaña al novio porque “la verdad duele más”. Una maestra engaña al alumno debido a que no conoce la respuesta. Un marido traiciona a su mujer porque se acostumbró a hacerlo y sabe que así “viven bien”.
Las mentiras las hay con buenas intenciones, pero en su mayoría sólo causan dolor. Es por esto que muchas veces nos inventamos una historia nueva que quisiéramos vivir para escapar, de alguna manera, de los problemas.
Muchas son las veces que los adultos se inventan una vida perfecta que no existe, un hogar donde no hay peleas ni reclamos; un trabajo solamente con beneficios y éxitos; unos hijos juiciocitos que no conocen lo que es la maldad; y hasta un perro obediente que sabe dónde hacer sus necesidades.
Nos acostumbramos que es más fácil soñar; nos engañamos a nosotros mismos. Nos vemos a nosotros mismos como seres reales, pero quizá somos nuestros propios y engañosos espejismos. (Alejandro Dolina)
Alguna vez me dijeron: ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino nunca decir lo contrario a lo que se cree. Pero ¡qué duro es!
A veces, por educación o por miedo al “qué dirán”, tratamos con personas que no son de nuestro agrado, pero en el fondo, nos sentimos miserables por ser hipócritas y simular algo que no queremos ser. Pero cuando el que nos cae mal tiene algo que necesitamos, enrumbamos nuestro camino a obtener eso de ese alguien que no soportamos… y seguimos con las apariencias. El hombre es hielo para la verdad y fuego para la falsedad, Jean de La Fontaine.
Ni siquiera a nuestras convicciones somos fieles.
Somos falsos. Nuestro mundo es fingido.
Hoy sé que la vida es un camino de aprendizajes, y después de ciertas experiencias comprendo que no todo es “bello, bueno y deseable” como en el arte; la maldad existe, y a las personas ingenuas y confiadas les va mal.
Luego de un amor de telenovelas y una vida mágica con príncipe azul viene la tormenta y la caída por el precipicio. Lo peor es que al fondo sólo estás tú.
Tú en tu intimidad comprendes que no todo es color de rosa, que los matices existen, y que si quieres subir la colina es cuesta arriba. Pero también aprendes que sí se puede lograr.
En el subi-baja que es la vida, entiendo que los momentos de tristeza son una transición, que te destrozan el alma por un instante pero que con la reconstrucción del corazón hay una gran lección y un gran beneficio.
A pesar de los golpes continuos y el sufrimiento que nos azotan, saldrá la luz. Hay que tener fe; en algo tenemos que creer. Y como dice el refrán: el que persevera alcanza.
Y luego de dar vueltas en la ruleta, comprendí que depende de mí; que cuando un ciclo se termina hay que pasar la página y mirar al horizonte, donde hay lugar para la esperanza y tal vez para la felicidad.
Andreína A. González E.
No hay vida perfecta. Los humanos estamos destinados a sufrir.
No es extremismo, es realidad. Un ser con defectos múltiples, con dolencias permanentes y miedos turbadores, no puede ser siempre feliz, y menos, partiendo del hecho de que el hombre está rodeado de falsedad; desde que usa la razón aprende que lo más fácil es mentir. A veces lo hace por vergüenza, otras, por miedo, muchas veces lo hace con descaro; al final, actúa de forma tan natural y cotidiana que no pude vivir sin hacerlo.
Es así como vemos numerosos ejemplos en el quehacer diario: un hijo le miente a su padre para que lo deje salir. Una novia engaña al novio porque “la verdad duele más”. Una maestra engaña al alumno debido a que no conoce la respuesta. Un marido traiciona a su mujer porque se acostumbró a hacerlo y sabe que así “viven bien”.
Las mentiras las hay con buenas intenciones, pero en su mayoría sólo causan dolor. Es por esto que muchas veces nos inventamos una historia nueva que quisiéramos vivir para escapar, de alguna manera, de los problemas.
Muchas son las veces que los adultos se inventan una vida perfecta que no existe, un hogar donde no hay peleas ni reclamos; un trabajo solamente con beneficios y éxitos; unos hijos juiciocitos que no conocen lo que es la maldad; y hasta un perro obediente que sabe dónde hacer sus necesidades.
Nos acostumbramos que es más fácil soñar; nos engañamos a nosotros mismos. Nos vemos a nosotros mismos como seres reales, pero quizá somos nuestros propios y engañosos espejismos. (Alejandro Dolina)
Alguna vez me dijeron: ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino nunca decir lo contrario a lo que se cree. Pero ¡qué duro es!
A veces, por educación o por miedo al “qué dirán”, tratamos con personas que no son de nuestro agrado, pero en el fondo, nos sentimos miserables por ser hipócritas y simular algo que no queremos ser. Pero cuando el que nos cae mal tiene algo que necesitamos, enrumbamos nuestro camino a obtener eso de ese alguien que no soportamos… y seguimos con las apariencias. El hombre es hielo para la verdad y fuego para la falsedad, Jean de La Fontaine.
Ni siquiera a nuestras convicciones somos fieles.
Somos falsos. Nuestro mundo es fingido.
Hoy sé que la vida es un camino de aprendizajes, y después de ciertas experiencias comprendo que no todo es “bello, bueno y deseable” como en el arte; la maldad existe, y a las personas ingenuas y confiadas les va mal.
Luego de un amor de telenovelas y una vida mágica con príncipe azul viene la tormenta y la caída por el precipicio. Lo peor es que al fondo sólo estás tú.
Tú en tu intimidad comprendes que no todo es color de rosa, que los matices existen, y que si quieres subir la colina es cuesta arriba. Pero también aprendes que sí se puede lograr.
En el subi-baja que es la vida, entiendo que los momentos de tristeza son una transición, que te destrozan el alma por un instante pero que con la reconstrucción del corazón hay una gran lección y un gran beneficio.
A pesar de los golpes continuos y el sufrimiento que nos azotan, saldrá la luz. Hay que tener fe; en algo tenemos que creer. Y como dice el refrán: el que persevera alcanza.
Y luego de dar vueltas en la ruleta, comprendí que depende de mí; que cuando un ciclo se termina hay que pasar la página y mirar al horizonte, donde hay lugar para la esperanza y tal vez para la felicidad.