Después de aquel encuentro, Rebe y Lucho empezaron a salir. En general, su relación era muy linda; se llevaban muy bien, existía “Comunicación”, iban al cine, a cenar, a bailar, hacían lo que las parejas hacen, aunque todavía eran amigos.
El mes pasado él quiso enseriarse; propuso un noviazgo formal. Ella, como era de esperarse, aceptó encantada.
Los problemas comenzaron: los celos por los amigos, las molestias por las salidas, disgustos incesantes porque “no me llamaste”, “no me escribiste”, “me abandonaste”, “ya no salimos”; el compromiso lo complicó todo.
Rebeca necesitaba su espacio, cosa que Luis no entendía; y él tenía una vida, distinta a la que ella quería y que por supuesto él no pensaba cambiar.
¿Cómo una relación pasa de la noche a la mañana de ser hermosa y estable a un caos perpetuo?
A ellos sólo les basto sentir que el otro les pertenecía. Quisieron apoderarse de su compañero, en vez de dejarlo vivir y simplemente acompañarlo en su camino. Luis quiso apropiarse de la vida de su novia, coartándole la libertad, quitándole hasta la voluntad; Rebeca, por aceptar esto, poco a poco fue sintiéndose miserable.
Hoy decidió cortarlo.
Rebeca no para de llorar y Luis no para de llamar. Ella entiende que él no le hace bien, el promete cambiar; ella ya no sabe qué hacer, yo no la puedo ayudar.