Se conocieron en abril. Rebeca estudia décimo semestre de Psicología en la UCV y Luis Eduardo recibirá el título de Ingeniero Civil en junio.
El mes pasado coincidieron en el metro dos veces seguidas gracias a que él tiene el carro en el taller. Ese fin de semana se encontraron, de nuevo, en la panadería.
Él no cree en las casualidades. Tras reconocerla decidió presentarse:
-Luis Fernández Mora- dijo, mientras le ofrecía un café.
Luego de una platica de media hora, Rebeca recordó que en casa la esperaban con el pan, así que se despidió: “hasta pronto”.
Luis compró el periódico, salió de la panadería y caminó hasta la plaza donde leyó un libro. En la dedicatoria del mismo firmaba tu dulce amor.
Hoy volvieron a encontrarse. Rebeca estaba “muy linda”. Se había teñido el cabello y vestía muy formal. Esta vez se encontraron en la entrada del cementerio.
Ella iba de salida, pero luego de la petición de este, decidió acompañarlo.
La lápida llevaba inscritas las siglas MDA con el nombre de Maritza Cedeño.
-Desde que te fuiste he estado muy triste. La casa se siente vacía. El teléfono ya no suena, vendí el televisor y duermo en el cuarto de Richard. Tal vez la familia se reúna pronto… Por cierto, ya terminé el libro, tan bueno como prometiste que sería.
Las lágrimas cubrieron su rostro.
Rebeca al tiempo comentó:
-Recuerdas que en la panadería dijiste que no creías en las casualidades.
Creo que coincidimos en el metro porque veníamos del mismo sitio. Tú velabas a tu novia, yo velaba a mi hermano.
También me he sentido muy sola. Tal vez ellos querían que nos conociéramos.
Luis calló por un momento. Luego la abrazó.